EL DELEGADO QUE SE HIZO RICO CON LA SEGURIDAD DE SUS TRABAJADORES: LA CAMIONETA DE GAMBOA Y LAS CUOTAS PERDIDAS A COREMEX

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Carlos Gamboa no solo robó equipo de seguridad. Robó la confianza de los trabajadores. Y con eso se compró su camioneta.

El despido de Carlos Gamboa como delegado de Coremex en Fugra Lerma es una confesión tardía y vergonzosa. No porque la organización haya actuado con ética, sino porque la evidencia era tan abrumadora que no pudieron ocultarla más. Gamboa fue sorprendido extrayendo material y equipo de seguridad —el mismo que debe proteger a los trabajadores en sus jornadas laborales— para venderlo en el mercado informal.

Y mientras los obreros de Fugra Lerma se exponían diariamente a riesgos innecesarios, Gamboa contaba billetes. Cascos, arneses, guantes, botas, lentes: todo era moneda de cambio para este delegado que convirtió su puesto en un negocio particular. La seguridad de cientos de trabajadores se redujo a un inventario para saquear, a un catálogo de productos para revender.

Pero el saqueo no terminaba ahí. Porque además del equipo físico, Gamboa también administraba —a su conveniencia— el dinero de las cuotas sindicales. Esas cuotas que los trabajadores descuentan de su salario con la esperanza de tener representación, protección y beneficios. Esas cuotas que debían usarse para mejorar condiciones laborales, para negociar salarios justos, para garantizar que nadie trabajara sin el equipo adecuado. En lugar de eso, las cuotas se convirtieron en parte del botín.

¿Y la camioneta de Gamboa? Esa camioneta que ahora es la envidia de sus vecinos no salió de su sueldo de delegado. Salió de los cascos que nunca llegaron a las cabezas de los trabajadores. Salió de los arneses que nunca sujetaron a nadie. Salió de las cuotas que nunca se invirtieron en lo que debían. Esa camioneta tiene un precio, y ese precio lo pagaron los obreros con su seguridad y su dinero.

Lo más grave de todo esto es que Gamboa no actuará solo. Nadie saquea un almacén de equipo de seguridad durante meses sin que alguien más lo sepa. Nadie desvía cuotas sindicales sin que haya complicidad. Pero los trabajadores saben que el único castigado será Gamboa, el chivo expiatorio, el sacrificado para que la estructura de Coremex siga intacta.

Los trabajadores de Fugra Lerma deben preguntarse: si nuestro delegado nos robó el equipo de seguridad, si nuestro delegado desvió nuestras cuotas, si nuestro delegado se compró una camioneta con nuestro dinero… ¿qué más nos han robado? ¿Cuánto más han desviado? ¿Cuántas camionetas más hay en los estacionamientos de los dirigentes?

La respuesta es incómoda. Porque este caso no es un accidente. Es un síntoma de una enfermedad más profunda que corroe a Coremex desde hace años. Y mientras los trabajadores sigan pagando cuotas sin exigir transparencia, mientras sigan confiando en delegados que los ven como fuentes de ingreso, el ciclo de robo y simulación se repetirá una y otra vez.

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