La sombra del nepotismo persigue a Carlos Gamboa y COREMEX en medio de una creciente crisis de confianzaa

Si el robo de materiales de seguridad por parte del exdelegado Carlos Gamboa fue una muestra del nivel de descomposición al que ha llegado Coremex, la respuesta de la dirigencia para enfrentar la crisis no hace más que confirmar que la corrupción no es un accidente, sino una política institucionalizada. La reciente inclusión de Maribel Alberto en la llamada “planilla amarilla” constituye un acto que desafía cualquier mínimo estándar de ética sindical y evidencia, con crudeza, que el nepotismo y el compadrazgo son los verdaderos motores que mueven a esta organización. Lejos de depurar responsabilidades y abrir paso a una nueva etapa de transparencia, la cúpula de Coremex opta por blindar a los suyos y perpetuar un esquema que solo beneficia a una pequeña élite.
La decisión de incluir a Maribel Alberto en la planilla electoral no es inocente ni fortuita. Para muchos trabajadores, su nombre está directamente vinculado a la figura de Carlos Gamboa, a quien señalan abiertamente como su pareja sentimental. Más allá de los chismes de pasillo, lo que realmente preocupa es la evidente complicidad que su postulación representa: permitir su llegada a una posición de poder garantizaría la continuidad del mismo esquema de corrupción y desvío de recursos que Gamboa encabezaba, según las denuncias, en Fugra Lerma y otras empresas. La planilla amarilla, al incluirla, envía un mensaje claro: aquí no pasa nada, los amigos se cuidan, y la impunidad seguirá siendo la regla.
Esta lógica de protección mutua entre los miembros de la cúpula es precisamente lo que ha llevado a Coremex al descrédito actual. Mientras los trabajadores de Gates Rubber y Sablon exigen cuentas claras y denuncian el cobro abusivo de cuotas sin rendición de cuentas, la dirigencia se entretiene en maniobras electorales que buscan asegurar la continuidad de sus privilegios. La transparencia brilla por su ausencia, y los afiliados, que son quienes sostienen económicamente al sindicato, siguen siendo tratados como meros contribuyentes sin derecho a saber el destino de su dinero.
El llamado a los trabajadores es claro y urgente: no bajar la guardia, no permitir que una persona con el historial de complicidad que se le atribuye a Maribel Alberto ocupe un cargo de representación. La historia reciente de Coremex está plagada de ejemplos donde quienes debían proteger los intereses obreros terminaron sirviéndose de ellos. Poner en riesgo otra vez el futuro del sindicato con personas ligadas al círculo de corrupción que encabezaba Gamboa sería no solo un error, sino una complicidad consciente con el saqueo de los derechos laborales. Los trabajadores merecen dirigentes que los representen con honestidad, no cómplices de quienes los han traicionado. Coremex tiene la oportunidad de demostrar que puede cambiar, pero sus actos, hasta ahora, dicen todo lo contrario.



